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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por S.E. Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, Obispo de la Diócesis de Tehuacán, en ocasión de la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

5 de febrero de 2012

Hermanos todos, hemos escuchado la Palabra de Dios que se ha proclamado. La Primera Lectura nos presenta un fragmento del Libro de Job, un justo que sufre terriblemente; en un sólo día, ha perdido todos sus bienes y a sus hijos, luego pierde la salud con una llaga maligna que lo cubre de pies a cabeza. No entiende la causa de su sufrimiento y llega a maldecir el día en que nació.

En el fragmento de hoy describe su situación en el contraste de noches que transcurren muy lentamente y días que corren de prisa y así dice: la noche se alarga y me canso de dar vueltas hasta que amanece. Por otro lado dice: mis días corren más aprisa que una lanzadera y se consumen sin esperanza. Mi vida es un soplo.

Las imágenes que usan Job son muy gráficas. Si hemos visto el trabajo de un artesano apreciamos el ritmo de la lanzadera, que corre velozmente de un extremo al otro en la elaboración de la tela. Nos sentimos involucrados en la descripción que Job hace de su vida por ejemplo: cuando enfermos o con ansiedades perdemos el sueño y la noche se alarga interminable o cuando en el día en cambio no nos alcanza las horas para las actividades planeadas, sobre todo experimentamos el sufrimiento y vemos el sufrimiento ajeno y con frecuencia nos preguntamos ¿por qué tanto dolor? sobre todo cuando nos parece injusto. Hay muchas preguntas de este tipo en nuestra vida personal, familiar y social. Sólo Cristo Jesús da sentido al sufrimiento del inocente con su propio sufrimiento, que asume como instrumento de redención. Y con Cristo ya no nos preguntamos ¿por qué del sufrimiento? sino ¿para qué? Además, Jesús compasivo acoge a todo, los consuela y sana como nos presenta el texto del Evangelio de hoy, en que nos encontramos con Jesús volcado a favor de todos.

La narración que se ha proclamado continua el Evangelio del domingo pasado en cuyos dos textos se presenta una jornada intensa de Jesús se desarrolla en día sábado y casi al inicio de su vida pública. En la mañana ha entrado en la Sinagoga y ha enseñado a la gente haciéndolo con autoridad que provoca admiración. Ahí mismo, en la Sinagoga, ha curado a un hombre poseído por un espíritu inmundo. Sale de la Sinagoga y se va inmediatamente a la casa de Simón y Andrés curando a la suegra de Simón con un gesto a la vez compasivo hacia la mujer y lleno de autoridad sobre la enfermedad. Vemos el noble gesto de la mujer, que curada se pone a servirles y de Jesús que se deja atender.

Seguramente, la curación del enfermo en la Sinagoga se supo inmediatamente en toda la población de Cafarnaúm, por ello al ponerse el sol le llevaron todos los enfermos y poseídos del demonio a quienes curo. Por cierto que Jesús no permite que los demonios hablen identificándolo, es lo que se ha llamado en el Evangelio de san Marcos: el secreto mesiánico. No quiere Jesús que se haga pública su identidad de Mesías, pues, está muy difundida la idea y esperanza de un Mesías liberador en lo socio-político y económico, esto con perspectivas de poder espectacular. Jesús en cambio mostrará su mayor poder en la paradoja de la cruz.

El día ha sido intenso, pero Jesús se levanta de madrugada para ir a un lugar solitario y ponerse a orar. Así como busca entregarse a la gente también busca entregarse al Padre; inmerso en la gente con sus necesidades y anhelos, pero especialmente inmerso en el proyecto de Dios Padre porque no viene a realizar su propio proyecto, sino el de Dios Padre. Jesús ama al Padre y por ello lo obedece.

Los discípulos mientras tanto han buscado afanosamente a Jesús es que la fama de Jesús ha corrido rápidamente de boca en boca, pues, habla con autoridad y sobre todo realiza milagros. De modo que los discípulos al encontrarlo le sueltan la novedad: todos te andan buscando, le dicen. Pero, Jesús no busca popularidad, ni discípulos con mentalidad interesada, de modo que se va a los demás pueblos recorriendo toda Galilea.

¿Cuál es nuestra actitud al venir aquí al Tepeyac, al encuentro de nuestra Madre, la siempre Virgen María de Guadalupe? Ella nos lleva a Jesús  ¿Cuál es nuestra actitud al encontrarnos con Jesús? Ciertamente, nuestra oración tiene mucho de petición, pero no podemos sólo detenernos en pedir y pedir, sí, eso es importante, pero no lo único otros aspectos e incluso más importantes deben ser agradecer y ofrecernos. Si nuestra oración se queda sólo en pedir y pedir tal vez pretendemos encontrarnos con Jesús de alguna manera, para que se ponga a nuestro servicio. La perspectiva debe ser muy diferente ponernos al servicio de Jesús, estar con Él, seguirlo, aprender su estilo de vida, que dic, que hace para hacer nuestro ese estilo, dejarnos transformar por Él.

Es el testimonio de san Pablo, como lo presenta la Segunda Lectura de perseguidor se ha convertido en seguidor y predicador de Jesucristo. La vida de san Pablo ya no cuenta en lo que antes valoraba tanto, eso ahora es basura con tal de ganar a Cristo. Así ahora exclama: ¡ay de mí, sino anuncio el Evangelio! san Pablo se reconoce libre, pero decide hacerse esclavo de todos, para ganarlos a todos. No, exigiéndoles que ellos se adapten a él, sino que él se adapta a ellos. Por ejemplo, en el caso que menciona en esta Primera Carta a los Corintios, de la duda si está permitido o no comer la carne inmolada a los ídolos. Como Pablo no valora a los ídolos no tiene problema en comer la carne inmola a ellos, pero si esto escandaliza a los débiles en su fe. Entonces, Pablo se hace débil con ellos, para ganarlos. Su criterio no está en tener éxito personal, sino en anunciar, vivir y que vivan el Evangelio. Además lo hace gratis, sin buscar otra recompensa, sino participar en los bienes mismos del Evangelio o sea ser de Dios, participar en el Reino de Dios. Esa actitud de san Pablo nos ubica en el proceso que amelamos en nuestro caminar diocesano Latino Americano de la Iglesia Universal.

Y nos da testimonio, también, san Felipe de Jesús primer mártir de nuestra patria. Originario de esta Ciudad de México y  que tras una infancia y juventud disipada se transforma en el seguimiento de Jesús. Cuando naufraga el barco en que regresaba a México para ser ordenado sacerdote se desata una persecución en Japón, él en su calidad de náufrago puede estar exento de la persecución, pero prefiere sufrir la misma suerte de los discípulos y testigos de Jesucristo. Y así tenemos esta semilla del Evangelio, que creció, fue fecunda en él y fructifico en el martirio. San Pablo, san Felipe de Jesús nos motivan para celebrar nuestra fe en el contexto del Año Jubilar Diocesano.

Al celebrar en la diócesis los 50 años de existencia como diócesis, queremos asumir la convocatoria de Aparecida para la misión permanente y desde luego mucho más la convocatoria del Papa Beato Juan Pablo II y ahora del Benedicto XVI, para la Nueva Evangelización que será el tema del próximo Sínodo de Obispos en octubre uniéndose al inicio del Año de la Fe.

De esta manera el Espíritu, de la liturgia dominical, nos prepara a la Asamblea Diocesana, que tendremos la semana próxima del miércoles, jueves y viernes con la participación de los sacerdotes, algunos representantes de las parroquias y algunas religiosas. En que profundizaremos en el significado de la historia de nuestra diócesis en el qué y el cómo de la Nueva Evangelización y de la Misión Permanente asumiendo la conversión personal y pastoral.

Vamos a los pueblos cercanos, para predicar también allá el Evangelio, decimos con Jesús: queremos ir a todos. Ir a los lugares más apartados, a las personas y familias más alejadas de Jesucristo, a quienes están vacunados contra Cristo o desengañados de Cristo o a los que están titubeando en su fe. Y con san Pablo decimos, también: ¡ay de mí, sino anuncio el Evangelio! y gratis, sin el afán de la recompensa o afectiva. Si nos dan dinero o afecto por el servicio bendito sea Dios, sino lo hacen también bendito sea Dios, de modo que actuemos como san Pablo. Todo lo hago por el Evangelio, para participar yo también de sus bienes.

Especialmente, a sumamos la doble actitud de Jesús, entregado al Padre y a la gente, con Jesús y como Jesús hagamos nuestros los sufrimientos y los anhelos de la gente, todos, sacerdotes, religiosas, laicos, barones y mujeres, niños, jóvenes y adultos, todos somos parte de la Iglesia por lo mismo hagamos nuestro este criterio de Cristo Jesús, de san Pablo, de san Felipe de Jesús. Hagamos nuestro el criterio de la Iglesia, que expresaba el Concilio Vaticano II y sigue vigente.

Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. María de Guadalupe, Madre de Cristo y Madre nuestra nos acompaña y sostiene con su propio ejemplo, como peregrina de la fe y en el seguimiento constante de Cristo y como intercesora nuestra y estrella de la evangelización.

Madre Santísima de Guadalupe, que al aparecerte a Juan Diego eras portadora de Cristo y le hiciste el encargo que abogará ante el obispo, para que se construyera una casita en el Tepeyac y en ella y desde ella mostrar todo tu amor, compasión, auxilio y defensa. Aquí venimos para recibir tus dones, también para aprender de ti a llevar a Jesús a los demás, siendo evangelizadores en la propia familia y convirtiendo nuestras familias en evangelizadoras de otras familias. En nuestra patria y el mundo entero sufrimos las consecuencias del mal, que se han anidado en el corazón humano y se desata en violencia, crimen, injusticia destruyendo la obra de la Creación y de la dignidad humana.

Te pedimos, Madre buena, que intercedas por nosotros ante tu Hijo y podamos renovarnos, como discípulos testigos y misioneros de tu Hijo Cristo, nuestro Hermano, sembrando y cultivando la paz y la fraternidad.

Amén.

 
 
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