Para entender en toda su profundidad
esta celebración de los 50 años de la Universidad La Salle
es importante que nos remontemos a hace 350 años atrás, cuando
un joven de pocos años al contemplar en su país que la mayoría
de los jóvenes, en especial los más pobres, se quedaban sin
educación; iluminado por Dios sintió el impulso a consagrar
su vida a la educación de estos jóvenes.
Con el paso del tiempo vio
la necesidad de formar a muchos profesores y es fundador de
lo que hoy entendemos por escuela normal; su entrega
hizo que muchos hombres quisieran seguir su ejemplo y así
fundó la Sociedad de las Escuelas Cristianas, su obra ha crecido
a lo largo de los siglos y muchas generaciones, inspiradas
por este gran santo de la Iglesia, san Juan Bautista de la
Salle, han continuado su labor.
Hoy los hermanos Lasallistas
están presentes en 85 países, con 75 universidades y centros
de negocios y cientos de instituciones educativas, atendiendo
una población de 1 millón de alumnos, con más de 75 mil docentes.
En 1962, uno de sus discípulos,
el Doctor Manuel de Jesús Álvarez Campos replanteó este sueño
del fundador y así se inicia la Universidad La Salle, respondiendo
a las necesidades sociales de nuestro país que comenzaba a
industrializarse.
La universidad en un principio
contó con escuelas de preparatoria, contaduría y administración
pero poco a poco, de una forma sencilla y como el grano de
mostaza, fue creciendo contando actualmente con su preparatoria,
30 licenciaturas, 35 especialidades, 21 maestrías y doctorados
con una población de diez mil estudiantes y alrededor de mil
maestros.
Por eso hoy todos ustedes han
venido a reconocer y a darle gracias a Dios por este gran
don de la Universidad de La Salle. Darle gracias a Dios es
tomar conciencia de que todos nosotros somos beneficiarios
de este gran don que Dios ha inspirado en estos hermanos nuestros
que han recibido un llamado de Dios y han querido entregar
su vida a la educación; una acción de gracias que no solamente
la deben dar los alumnos, los maestros, sino toda la sociedad
mexicana que ha sido beneficiada por este gran don, incluso
me atrevería a decir que otras personas más allá de nuestras
fronteras.
Ya san Lucas en el Evangelio
como en los Hechos de los Apóstoles nos señalaba que la vida
del hombre es un camino hacia a Dios que todos debemos de
recorrer precisamente el peregrinaje que acaban de realizar
hacia la Basílica de Guadalupe, es un signo de que nosotros
vamos en camino que donde estamos no es nuestra realidad permanente
que siempre tenemos que buscar algo más allá de nosotros mismos;
es decir, siempre tenemos que buscar esa trascendencia en
nuestra vida.
Estos 50 años son un camino
que han recorrido muchos hombres y mujeres a lo largo de su
vivencia en esta universidad muchos de ellos que ya no están
con nosotros pero que nos han dejado la estafeta y una responsabilidad
para cumplir este camino que terminaremos cuando nos encontraremos
con el Señor, pero mientras debemos de ir caminando hacia
esa plenitud de nuestra humanidad en este camino acompañando
a otros hermanos y hermanas que van en ese mismo peregrinaje.
Dicen que por los frutos los
conoceremos, nosotros podemos conocer el prestigio de la Universidad
La Salle por tantos profesionistas que han egresado de ella
y hoy desempeñan un papel muy importante en nuestra sociedad.
La educación, queridos hermanos,
es tarea de todos pues de una o de otra manera todos nosotros
somos educados por los demás, como nosotros también tenemos
el deber de educar a otros hermanos. Este es el mensaje que
continuamente nos trasmiten nuestros Hermanos de las Escuelas
Cristianas o comúnmente les llamamos nuestros hermanos Lasallistas.
Con su consagración nosotros como Iglesia somos la continuación
de la presencia de Cristo en la historia y como fieles discípulos
suyos tenemos como encomienda prioritaria promover a todo
ser humano y a todo el ser humano para que viva en su plenitud
conforme a su vocación última y definitiva.
La Encarnación de Jesús no
sólo es un mensaje espiritual como a veces ha sido interpretado,
es una realidad concreta que permanece continuamente en la
historia acogiendo todo lo humano y ampliando sus posibilidades
de realización en la situación concreta que cada quien vive
nadie puede ser privado de este don el ser agradecidos por
los dones que Dios nos ha dado por medio de esta universidad
inspirada por Él, nos permite tomar consciencia de ese regalo
de Dios y también nos responsabiliza a cada uno de nosotros
para seguir tratando de conservar y enriquecer esta muestra
del amor de Dios.
Y ahí que no sólo venimos a
darle gracias a Dios sino también pedirle a Dios comprometiéndonos,
claro está, a poner nuestro granito de arena para que esta
universidad pueda cumplir su misión y siga siendo fermento
en la sociedad en la que vivimos.
El compromiso, queridos hermanos,
es de todos: directivos, administrativos, maestros, alumnos,
ex alumnos, padres de familia, hermanos Lasallistas, sacerdotes
y hasta un servidor. Quisiera recordar tres aspectos que el
nuevo Rector de la Universidad subrayó en su toma de posesión
y que a mi parecer veo que son inspirados por Dios para mantener
y continuar la obra que Dios realiza desde la universidad
frente a los modelos culturales inconsistentes que hoy contemplamos
en nuestra sociedad; frente al reto del hombre moderno dividido
en sí mismo, reduciendo la naturaleza humana sólo a una dimensión
de su ser. La universidad heredera de una antropología cristiana
busca integrar las distintas dimensiones del hombre la intelectual,
la técnico-profesional, cultural-humanística, la trascendente,
la física y la social.
Consideró a la persona como
un ser unitario y total por eso busca un alto nivel académico
para proyectarlo en la vida seguir desentrañando el misterio
del hombre y su sentido de vida profundo, aprovechar las
nuevas tecnologías que la sociedad actual nos ofrece, generando
en los alumnos la inquietud de la investigación que ayude
al hombre a sanear su humanidad y encaminarla hacia su plenitud.
Una universidad que genera sólo intelectuales, sin proyección
en la sociedad, no cumple de forma plena su misión. La universidad
debe de motivar hombres y mujeres que incidan en la sociedad
dignificándola, logrando así que sus conocimientos se apliquen
a la sociedad en la que vivimos.
Frente a una sociedad que se
empeña en subrayar lo individual y lo subjetivo, cayendo en
el relativismo y en la anarquía de la vida; la universidad
está llamada a potenciar lo comunitario, el aprender a vivir
y a trabajar en comunidad de ahí el lema de la universidad:
indivisamente unidos permanecen. Como dice el
rector, la universidad debe de ser un espacio donde se enseñe
a trabajar cooperativa y colaborativamente; el hombre solo
no puede encontrar su plenitud, como nos lo señala Génesis
que es un verdadero tratado de antropología.
Por eso es necesario potenciar
la corresponsabilidad de todos, todos somos importantes y
todos tenemos: nadie de nosotros es tan pobre que no pueda
dar algo y tan rico que no necesite de los demás. Todos
debemos de vivir en esta contínua sinergia de relaciones
interhumanas frente a una humanidad que reduce su ser y quehacer
sólo a lo eficiente, a lo inmediato e inmanente y que ignora
la presencia de Dios en su vida. El ser humano, como les dije
antes, está llamado a trascender. Primero trascender hacia
Dios y minimizando su vida; es decir, iluminándola desde Él
y también hacia los demás con el poder que nos da la educación
dándole a los otros la posibilidad de crecer.
En especial a los más pobres
y desvalidos de nuestra sociedad acercándonos a los que no
piensan como nosotros buscando lo que nos une con los seres
humanos, no lo que nos separa, como nos lo recordaba constantemente
con su vida el beato Juan Pablo II, de feliz memoria. Para
todos nosotros, todo ello se reúne en la frase que el Hermano
General, Álvaro Rodríguez Echeverría de los Hermanos de las
Escuelas Cristianas ha dicho en una ocasión: “En el fondo
eso espero; que viviendo la experiencia de un Dios siempre
cercano seáis una comunidad en camino con un proyecto futuro
a partir de los horizontes del presente”.
Antes de terminar esta breve
reflexión quisiera, representando indignamente al Cardenal,
trasmitirles el mensaje que él me encomendó: Queridos hermanos
de las Escuelas Cristianas, quiero agradecerles y reconocerles
públicamente el bien que han hecho a la Arquidiócesis de México,
el apoyo que siempre han mostrado a la Iglesia local en la
que están trabajando que es un ejemplo para todos nosotros;
la solidaridad que han tenido con esa iglesia con todos los
sacerdotes, con todos los religiosos que se acercan a la universidad
y animarles a que sigan enriqueciendo a esta Ciudad de México
y en ella también a esta nación y este mundo que nos toca
vivir
Que santa María de Guadalupe,
estrella de la mañana, interceda para que Dios le siga inspirando
a cada uno de ustedes y a todos nosotros a seguir siendo instrumentos
para favorecer la educación en México.
Que así sea.